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¿QUERÉS APADRINAR A UN NIÑO DE NUESTRO JARDÍN?
En 2009, el jardín abre sus puertas por 6° año consecutivo, y los invita a participar a través del PROGRAMA de PADRINAZGO.
En 2009, el jardín abre sus puertas por 6° año consecutivo, y los invita a participar a través del PROGRAMA de PADRINAZGO.
Por qué nosotros, un movimiento de trabajadores desocupados, elegimos hacer una escuela
Jardín de Infantes CIEL
La parte educativa es uno de nuestros principales objetivos. Precisamente, el proyecto escuela es el motor del objeto social de la cooperativa. En realidad ésa era nuestra perspectiva, nuestro deseo, nuestro sueño. Pero recién cuando empezamos con el jardín nos dimos cuenta de hasta dónde era necesario nutrir con recursos este proyecto, que nosotros de todas maneras denominamos productivo. Aunque no produce dinero, produce un valor que es necesario para la humanidad, que es el conocimiento.
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Muchos nos miraban con cara de pena porque pensaban que estábamos locos y es probable que un poco lo estuviéramos porque si no no lo hubiéramos hecho. Pero nosotros pensamos que necesitábamos otros recursos en la cabeza de nuestra gente. Estábamos convencidos de que los planes asistenciales no eran buenos para nosotros, de que iban a sustituir la cultura del trabajo por una cultura de la sobrevivencia. Estábamos convencidos de que esta oferta de cultura de sobrevivencia entraba porque había una formación que la sostenía y de que nosotros teníamos que comenzar a educarnos de otra manera, para poder reconocer nuestras necesidades y también para poder satisfacerlas no dependiendo de los otros. Entonces, pensamos qué difícil era para nosotros cambiar matrices de aprendizaje de dependencia, después de haber sido educados para ser objetos de asistencia y no sujetos de derecho. Para un adulto produce mucho temor tener que romper esas matrices, por eso es mejor empezar educando sujetos libres, ciudadanos, que conozcan sus derechos y también sus obligaciones y que estén preparados para ser protagonistas de la historia que recorrerán.
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Por todo esto, pensamos: si logramos que la gente confíe en nosotros y que estos niños reciban lo que queda y mucho más, entonces ellos ya irán aportando esos valores que se rompieron en los trabajadores, como la solidaridad, la ayuda mutua, el esfuerzo propio. Pondrán esa voluntad de cooperar, de hacer crecer el barrio. Y si sus padres conocen y aceptan estos valores y, es más, los van armando y construyendo con nosotros, entonces la motivación de acompañar a sus hijos en el proceso les permitirá repensarse desde otro lugar. Por eso empezamos primero con los padres, porque estamos seguros de que para que un niño pueda aprender los valores en el espacio-escuela, esos valores no tienen que entrar en conflicto con el espacio-familia, porque eso ya está pasando en este momento. Así hacemos un recorrido de mucha deliberación y mucho consenso con los padres.
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También definimos cómo la casa acompañará el proceso del niño en el espacio-escuela sin perder su particularidad. Un ejemplo de trabajar el consenso fue que el nombre del jardín fue elegido por la comunidad educativa. Fue la primera vez que muchos de los participantes trabajaron el consenso. Tardamos tres meses y lo importante fue que no hubo nadie que perdiera. El nombre que logramos, “Crecer imaginando en libertad”, le pertenece un poquitito a cada uno de ellos. En nuestro territorio, donde la gente está acostumbrada a que unos pocos ganan y muchos pierden, o que una parte gana y otra parte pierde, y en definitiva que siempre perdemos, esto fue maravilloso. Ahora estos padres están preparados para acompañar a sus hijos en el proceso de aprender a consensuar con el otro. Se están reconstruyendo lazos, porque los padres están deseosos de aprender para poder acompañar este proceso. Sin la participación de los padres no se puede salir de esta crisis; sin la participación de los educadores los padres no saben qué hacer, pero sin los padres los educadores tampoco saben.
La puesta en marcha del jardín fue posible gracias a la colaboración y coordinación de varios actores. Entre otros, el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (IMFC), que en abril del 2002 donó el terreno de 1000 m2; el Centro Nueva Tierra, que apoyó el proyecto cuando aún era sólo un esbozo; el Movimiento de Documentalistas, que acompañó y registró el proceso y elaboraró un video sobre tema; la consultora Giacobbe y Asoc., con la Confederación General Económica y la Fundación Raoul Wallemberg la colaboración de un sinnúmero de personas – entre ellos profesionales y personas del ámbito universitario- que se acercaron a colaborar con la organización, interesados en su propuesta autónoma y autogestiva.
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La donación en dinero – de 15.000 pesos- hizo posible la inauguración de las dos aulas del Jardín y fue realizada por un grupo de empresarios vinculados a la CGERA. Este aporte, junto con el trabajo de refacción llevado a cabo por los integrantes del MTDLM y amigos durante los quince días anteriores, permitió la inauguración del Jardín con capacidad para 55 niños.
El jardín se inauguró el 13 de mayo de 2004.
En el mes de julio se inauguró un aula del jardín con el nombre de "Angelo Roncalli"; participó del acto el cardenal Walter Kasper, Presidente de la Vaticana Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo.
Actualmente nos encontramos abocados a la tarea de articular contactos para el fortalecimiento del complejo educativo y a la búsqueda de propuestas de financiamientos sustentables.




